Editorial Corona Borealis, venta libros online

ARTE Y MISTERIO

 

Corona Borealis
Nacho Ares

 

El desaparecido catedrático de Perspectiva e ingeniero de caminos Ángel del Campo Francés publicó en el año 1978 un magnífico tratado sobre este cuadro. Bajo el título de La Magia de las Meninas (Madrid 1978), Del Campo Francés desarrollaba en un vasto catálogo de óptica y geometría muchos de los secretos de la obra de Velázquez. Según este catedrático, la solución al problema planteado por el cuadro yacía en el empleo de seis espejos, lo que explica la extraña posición en el espacio interior de la pintura tanto de Velázquez como de la Infanta, las meninas y los Reyes reflejados en el espejo, que, al contrario de lo que siempre se había dicho, no eran los personajes dibujados sobre el lienzo que tiene ante sí Velázquez.

 

Cinco años antes, el profesor Jacques Lassaigne publicaba un magnífico tratado sobre el cuadro en el que aportaba una de sus verdaderas claves. En Les Ménines (Lausana 1973), Lassaigne demostraba el significado mágico de la obra afirmando que todo el conjunto era en realidad una representación mágica y protectora de la constelación Corona Borealis, en cuyo centro destacaba la infanta Margarita. Si unimos el corazón de las figuras de Velázquez, María Agustina Sarmiento, la Infanta Margarita, Isabel de Velasco y José Nieto, reconstruimos esta constelación cuya finalidad está enfocada claramente a la protección de la Infanta. Precisamente la estrella más brillante de Corona Borealis, la misma que ocupa la Infanta, se llama curiosamente Margarita.

 

Son muy pocos los que se acuerdan de que, hasta hace pocos años, el cuadro de Las Meninas se exhibía en el madrileño Museo del Prado con un espejo delante. De esta manera, el espectador tenía que dar la espalda al enorme lienzo de 3,18 por 2,76 metros y observarlo a través del espejo. No tardaría en verse casi de una forma mágica e incomprensible dentro de la propia escena.

 

No es en absoluto algo casual. Nadie sabe hasta qué punto, pero el cuadro, también conocido como La Familia de Felipe IV, es una complejísima estructura pictórica, humana y mágica que en sí misma define el lado más insólito de nuestro pintor más universal. La interpretación de la obra cumbre del sevillano Diego Velázquez da Silva (1599-1660) ha vuelto loco a más de un crítico. El propio Pablo Picasso se encerró en su estudio de Cannes en 1957 y no salió de él hasta conseguir dar con la clave del cuadro: saber dónde se encontraba cada una de las figuras. Y, aun así, tampoco estaba muy convencido de haberlo conseguido. Por ello, después de él, otros expertos se han acercado a Las Meninas con el fin de realizar la autopsia definitiva de este extraño cuadro.

 

Poco importa si su cuerpo se encuentra o no en la antigua iglesia de San Juan, bajo la actual plaza de Ramales de Madrid, o si sus restos y los de su esposa Juana Pacheco son los que aparecieron en el convento de San Plácido, también en Madrid, hace apenas tres años. Lo único cierto es que la obra de Diego Velázquez, pintor de cámara en la época de Felipe IV, ha conseguido superar con creces la propia realidad del ser humano que la concibió.